A propósito de la crítica y su difusión

La crítica teatral es producto de la crítica literaria y de la crónica periodística. A medio camino entre ambos géneros, se puede considerar como un artículo de opinión que difunde y analiza la creación artística en el ámbito teatral.
En su estructura, hablar de un espectáculo teatral  implica comentar acerca de la dramaturgia y la puesta en escena. En la dramaturgia, el comentario gira en torno al argumento, a la forma de crear la historia, los personajes y el conflicto. En la puesta en escena, la dirección, actuación, escenografía, vestuario, iluminación, música, además de otros elementos, son los aspectos más resaltantes. El reto está es abarcar todos los componentes en el espacio que se dispone para él dentro del diario: una cantidad de caracteres que deben aprovecharse al máximo. Por suerte, periódicos como Tal Cual han dado cabida a la crítica teatral en sus ediciones y los creadores teatrales agradecen esto.
Con un limitado espacio en otros medios impresos, la crítica de teatro ha emigrado al entorno virtual, a la web, a la difusión en las redes sociales, en fin, al acceso a través de Internet. Por diversas causas que apuntan a la molestia de los que ahora dicen dirigir el país, el Diario Tal Cual sale de circulación para convertirse en semanario y esta columna con cuatro años publicándose en sus páginas impresas tiene un destino incierto. Es decir, la crítica se limita aún más porque ya no llegará al lector a pie cuyos hábitos son distintos del lector digital.
Por lo anterior, mi crítica de hoy es para el teatro mediocre que representa el gobierno actual incapaz de aceptar la libertad de expresión como el verdadero emblema de la democracia. A mi juicio, esta es la razón real de los problemas que presenta Tal Cual. He oído hasta el cansancio que aquí hay más democracia porque se han hecho muchas elecciones, porque el “pueblo” (en un sentido ya peyorativo) ha tenido la posibilidad de elegir. Pues, la verdadera democracia es aquella en la que se establece un adecuado plan de seguridad ciudadana, un programa que regule apropiadamente las condiciones económicas del país y en la cual exista la libertad de pensar y expresar ese pensamiento, por citar tres ejemplos, en general que exista una verdadera calidad de vida.
Es importante recordar una máxima que cada vez cobra más fuerza en la Venezuela actual: “No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo.” Si algunos siguen pensando que, más bien, la muerte debe ser el destino de aquellos que opinan diferente, no solo la crítica teatral sino cualquier otro género periodístico tendrá comprometida su difusión.

Despertar adolescente

En el Centro Cultural BOD, Lazo Producciones presenta Despertar de primavera, musical basado en el texto homónimo del alemán Frank Wedekind con música de Duncan Sheik y letra de Steven Sater, coordinador de producción de César Sierra, producción de Gabriela Martínez, directora adjunta Nathalia Martínez y dirección general de Luis Fernández.
Escrita originalmente en 1891, la obra muestra a un grupo de adolescentes que vive su despertar sexual con muchas dudas y conflictos en un entorno familiar y escolar que los reprime. Se tratan temas como la violencia, el abuso sexual, la homosexualidad, el aborto y el suicidio. En este caso, la acción se ubica a principio de los años 60, pero mantiene el enfoque original que se percibe envejecido producto de la época en que fue escrita. Pese a esto, los tópicos siguen estando vigentes en una sociedad actual más liberal.
El escenario se emplea como espacio múltiple para todos los lugares de la acción. Está ambientado con pizarrones escritos con tiza y un árbol sin hojas como reflejo del invierno que se avecina. Dos bancos multiuso se usan para apoyar los cambios de lugar. Palabras y dibujos rodean el escenario como si el conocimiento estuviera al margen de la sociedad represiva que se exhibe. En la escena, dos trampas se abren para revelar dos estanques de agua. Este elemento es quizás el único sin significación sobre el escenario porque su uso no tiene mayor peso. En cambio, el diseño de vestuario se percibe acorde para lograr un estilo ecléctico a medio camino entre la época original, los 60 y la actualidad. La textura y paleta de colores es un gran acierto. De igual forma, la propuesta lumínica tiene fuerza y significación para favorecer el estilo de musical y reforzar las escenas
Desde el punto de vista de la distribución escénica, la dirección equilibra e integra apropiadamente los personajes respaldados por la coreografía de Vittorio Marson en el que el desplazamiento y los movimientos muestran intensidad.
Mención aparte merece la banda “Majarete Sound Machine” que ejecuta en vivo las diversas melodías, sin embargo es necesario sopesar el volumen de la música y el canto porque, por momentos, no se comprende la interpretación. Esto también requiere mayor modulación por parte de los actores-cantantes. Precisamente, el trabajo de los intérpretes es correcto aunque la labor masculina posee más veracidad debido a la naturalidad que demuestra en contraste con la forma infantil que asumen las actrices. Diana Volpe y Luis Abreu interpretan adecuadamente todos los roles paternos.
En fin, una producción acertada y bien dirigida del polémico musical.

La escena teatral 2014 (y II): La dramaturgia

¿Qué hace que una agrupación escoja un texto dramático? Hay muchas variables, en especial si lo que se busca es el éxito. He aquí una reseña de la dramaturgia en 2014.
Como destaqué anteriormente, el experimento de “Microteatro” fue exitoso y se convirtió en un estímulo para los dramaturgos nacionales. Este es la única mención que haré del teatro llamado por algunos “comercial” porque otros grupos escogen piezas que aburren por su simpleza aunque su intención sea entretener para olvidar la realidad del país. Al contrario de esto, se presentó Necro-lógica de Nathalia Paolini que reflejó la realidad venezolana con humor negro,  ¿Tequila o ron? de Gennys Pérez que trató tema de la emigración y Te dejo la corona de Karin Valecillos sobre la falta de oportunidades en la juventud actual.  Con otro tono, se exhibió Semáforo de Ricardo Nortier para plantear una metáfora de la sociedad actual al igual que otros montajes escenificados en “La caja de fósforos”. Este espacio abarcó una buena cantidad de la mejor dramaturgia del año pasado: Niños lindos de Fernando Azpúrua (Ganadora del Premio Isaac Chrocrón), Hay que matarlos a todos de Haydeé Faverola, Eva Perón de Copi, Díptico Maeterlink: Interior y La Intrusa, y la segunda edición de “El piquete” que presentó 9 piezas de autores nacionales. Sin embargo, el evento más destacado fue el Festival de Teatro Contemporáneo Estadounidense en el que se pudo apreciar una buena selección de obras.
Otros escritores venezolanos de importancia volvieron a escena como Isaac Chocrón con Los navegaos, La máxima felicidad y Asia y el lejano oriente, Rodolfo Santana con Nunca entregues tu corazón a una muñeca sueca, José Ignacio Cabrujas con El americano ilustrado de, Román Chalbaud con Bingo y Gustavo Ott con Dos amores y un bicho. Además, se presentaron 400 sacos de arena de Luigi Sciamanna, Compadres de Javier Vidal, Bolívar coronado de Lupe Gherenbeck,  Rumberas de José Simón Escalona y las adaptaciones de Sangre, en el diván, a partir de libro de Ibéyise Pacheco y Memoria del silencio, versión de Virginia Aponte sobre el libro de Uva de Aragón. La dramaturgia novel estuvo presente con Lado D de Youssef Abrache, Las lágrimas se secan solas de Alexis Márquez y Callejera  de Luis Vicente González.
De la dramaturgia extranjera, destaco: Otelo, Las mujeres sabias, Aeroplanos, A puerta cerrada, Frida Khalo: viva la vida, Fresa y chocolate, Contra la democracia, Vestuario de Hombres, En la soledad de los campos de algodón, Crimen y castigo, Ha llegado un inspector, Perdidos en un noche sucia, Madame de Sade y La casa de Bernarda Alba.
Ya veré la selección de este año.

La escena teatral 2014 (I): Los espacios

Cada año parece aumentar la disponibilidad de espacios para el teatro en la Zona Metropolitana de Caracas como lugar de mayor oferta teatral del país.
El espacio más interesante ha sido “La caja de fósforos” porque se ha convertido en un sitio para la experimentación. En él se programaron una serie de propuestas novedosas como el Festival de Teatro Contemporáneo Estadounidense que incluyó la apertura de “El dedal”, una sala que solo funcionó durante el evento y que espero que se mantenga activa. La calidad de los montajes que realizaron consiguió a una audiencia cautiva.
Los espacios del ámbito privado mantuvo el estilo de su programación. El Centro Cultural BOD, Escena 8, Premium, Trasnocho Cultural, Teatrex (El Hatillo y el Bosque), Teatro Santa Fe y Urban Cuplé tienen su público ganado. Sin embargo, el Espacio Plural del Trasnocho, la Sala Experimental del BOD, la sala Experimental de Santa Fe y los dos eventos de “Microteatro” de Urban Cuplé abrieron sus puertas a todo tipo de creadores que rompieron con las obras que allí se presentan. Nos obstante, como comenté hace algunos meses, la crisis económica del país ha llevado al aumento de los precios y, con ello, el  público ha tenido que ser selectivo acerca de lo que está dispuesto a pagar para entretenerse.
En contraparte, los sitios subsidiados por el Estado tuvieron una oferta más limitada y de una calidad menor en su selección, salvo el Teatro Bolívar. Este nuevo espacio se convirtió en un referente dentro del llamado “Circuito Teatral de Caracas” porque en él se presentaron agrupaciones de diversa índole que contaron con un buen número de asistentes. Como se ha hecho tradicional, todos los espacios del circuito fueron aprovechados al máximo en el Festival de Teatro de Caracas. Por su parte, el CELARG con tres salas y el Teatro Alberto de Paz y Mateos siguen siendo una tarea inconclusa. En ambos, ha bajado la afluencia de público y nadie ha hecho nada para resolverlo.
Este año, el Teatro Chacao y la Sala José Ignacio Cabrujas, ambos en el Municipio Chacao, el Teatro César Rengifo (Municipio Sucre), la Sala María Teresa Castillo del Ateneo de Caracas, el Teatro de la Asociación Cultural Humboldt, Teatro Luis Peraza y la sala Río Teatro Caribe tuvieron un perfil bajo, al igual que el empleo los bares y salones de hoteles y restaurantes.
La asistencia de los espectadores a espacios no tradicionales, a nuevas propuestas y a presentaciones de nuevas agrupaciones demuestra que quizás están cansados del estilo de los montajes que tradicionalmente se programan. Si el espectador recibe calidad, estoy seguro que está dispuesto a pagar por ella.

Ser o no ser memorable

En el Teatro Municipal de Chacao, el grupo Globe Theatre proveniente del Reino Unido presentó Hamlet de William Shakespeare gracias al apoyo del Centro Cultural Chacao, el Festival Internacional de Teatro de Caracas y el patrocinio de Movistar. La presentación en Caracas forma parte de la gira “Globe to Globe” que pretende llevar la obra durante dos años por todos los países del mundo para celebrar los 450 años del nacimiento del célebre dramaturgo inglés.
Con la dirección de Dominic Dromgoole y Bill Buckhurst, el diseño de Jonathan Fensom, la dirección musical de Bill Barclay y música original de Laura Forrest, el montaje reúne a un elenco multiétnico para representar la tragedia del príncipe de Dinamarca.
La estética de la puesta en escena es la revelación de la teatralidad. Con pocos elementos que los actores cambian de lugar, se recrean los espacios donde ocurre la acción. El espectador observa los movimientos de los objetos, actores que salen y entran a escena por la platea, músicos que acompañan la interpretación desde el fondo del escenario. El momento mejor logrado corresponde a la representación de la pequeña obra (teatro dentro del teatro) que pone en evidencia el homicidio cometido por el Tío de Hamlet: un telón es corrido y descorrido para que los mismos actores que representan a Claudius y Gertrude se conviertan en los actores que interpretan la pieza. De igual manera, sobre un vestuario base, cada personaje se reconoce por los elementos que usa. Es así, como un intérprete representa a varios personajes cambiando los elementos. Por su parte, las luces del público se mantienen encendidas durante todo el montaje.
La representación posee un ritmo vertiginoso. Los personajes entran, se desplazan y salen de escena con fluidez y el texto es dicho con rapidez sin perder la precisión. Todo parece evocar el estilo de representación de la época isabelina, la época de Shakespeare, incluso en la manera de actuar. Los actores muestran la imagen y psicología del personaje con sus gestos y palabras sin llegar a una identificación completa con el rol. Esto no impide que la historia con sus pasiones y reflexiones llegue satisfactoriamente al público.
El elenco conformado por Ladi Emeruwa (Hamlet), John Dougall (Claudius), Miranda Foster (Gertrude), Amanda Wilkin (Ophelia), Keith Bartlett (Polonius), Tom Lawrence (Laertes), Matthew Romain (Horatio), Phoebe Filoes y Jennifer Leong (Guildenstern y Rosencratz), Rawiri Paratene (Fantasma del padre y Sepulturero) y Beruce Khan se percibe veraz y versátil.
“Ser o no ser” es la frase más famosa de Hamlet, pues este montaje “es” memorable.

Para desmitificar lo religioso

En la Sala Horacio Peterson de UNEARTE, el Teatro del Laberinto celebra 15 años de trayectoria con  Lázaro Morgue y el misterio de la fe, producción de Arnaldo Mendoza e Ignacio Márquez, dramaturgia y dirección de Ignacio Márquez.
Lázaro Morgue, detective privado, es contratado por el Ministro Ángel Gabriel para encontrar al Dr. José Gregorio Hernández, quien aparentemente desea chantajear a El gran Jefe, es decir, Dios. En el trayecto de su investigación, se encuentra con María de Coromoto, esposa del Jefe; María Lionza, principal figura del cabaret “El Encanto”; el comisario Torquemada, mandamás de “La Ley” y Jesús, un joven destinado a encargarse del negocio. El grupo usa nuevamente el recurso de la desmitificación de personajes e ideas presentes en el inconsciente colectivo de la humanidad y, específicamente, del país como lo ha hecho en anteriores oportunidades. La dramaturgia utiliza la iconografía propia del “cine negro” para delinear el argumento, los personajes y las situaciones. El resultado es una comedia bien manejada que reinterpreta y, a mi juicio, fortalece los símbolos religiosos porque permite valorarlos sin la rigidez de la doctrina.
La dirección propone una puesta en escena de carácter simbólico. El espacio escénico está demarcado por un gran rectángulo dentro del cual se encuentra una silla, dos lámparas y  una especie de candileja semicircular. Con ellos, se logran diferenciar los diferentes lugares donde ocurre la acción. Esto se apoya en el diseño de iluminación que propone un buen manejo de luces y sombras, también característico del “cine negro”. Por su parte, la música original de Ignacio Barreto crea una atmósfera caribeña que se percibe igualmente en el vestuario de Luis Fernando Flores para los personajes masculinos, salvo el estilo oscuro que posee Torquemada y la reinterpretación de los íconos que caracterizan a los femeninos. La única nota discordante corresponde al clímax de la pieza cuando Lázaro Morgue encuentra a la Fe porque el personaje es manejado de una forma muy infantil en vez de la sensualidad, el misterio y la condición etérea que representa.
En las actuaciones, se destaca el trabajo de Arnaldo Mendoza como Lázaro Morgue debido a la veracidad que muestra en el manejo de la corporalidad y labor vocal para representar un arquetipo cercano a ciertos venezolanos. El resto de elenco se percibe correcto en la composición de sus roles con Anabel Llorca como María de Coromoto, Lily Rodríguez como María Lionza, Augusto Marcano como Ángel Gabriel, Rafael Gil como Torquemada y Daniel Bustamante como Jesús.
En fin, un montaje bien realizado.

Atípica Bernarda

En la sala principal de su sede, la agrupación Rajatabla presentó La casa de Bernarda Alba, texto de Federico García Lorca, producción artística de Adriana Bustamante, producción general de William López y dirección de Vladimir Vera.
El texto clásico de Lorca en que Bernarda Alba cierra su casa al luto mientras un hombre se convierte en el símbolo del deseo para todas sus hijas, encuentra una dirección que rompe con el realismo que se le adjudica a la pieza para crear una puesta en escena cargada de significados. Un espacio blanco con una hilera de cruces que cuelgan sobre el escenario es el foco del montaje gracias a la escenografía diseñada por el mismo director. Contrario al encierro que Bernarda obliga a vivir a sus hijas y criadas, el espacio blanco es luz frente a los vestuarios pesados, recargados de texturas y de colores oscuros diseñados por Fedora Freites. Cada personaje posee su individualidad en la mezcla de telas y materiales con una simbología muy marcada como vestir a Bernarda Alba con un traje clásico masculino que reflejan la hombría subyacente frente a su género, el vestido verde “punk” de Adela que muestra su rebeldía o los trajes de la madre de Bernarda que juegan con la iconografía del “clown”. El diseño de iluminación de David Blanco se encarga de destacar hábilmente con luces ámbar y azules el fondo del escenario frente al blanco de la parte delantera dando así mayor relevancia a la tonalidad del vestuario.
El espacio central es rodeado por otros personajes que realizan acciones en las afueras de la casa y que dan mayor fuerza a la atmósfera que genera el montaje con cantos dirigidos por Mayra Santos y el notable trabajo corporal conducido por Soraya Orta, ambos llevados a cabo por los alumnos de Taller Nacional de Teatro de Rajatabla.
En las actuaciones, Francis Rueda compone a Bernarda con fuerza y veracidad en todos los sentidos. Es secundada por la labor sobresaliente en intensidad y manejo de las intenciones de Adriana Bustamante como Angustias, Graziella Mazzone como Magdalena, Daniela Leal como Amelia, destacándose la composición cargada de matices de Fedora Freites como Martirio y la franqueza y energía de Valentina Garrido como Adela. Por su parte, Miriam Pareja como María Josefa, madre de Bernarda, crea una visión distinta al lograr la hilaridad del rol, mientras que Nyrma Prieto como La Poncia, Evelia Di Genaro como La Criada y Mayra Santos como Prudencia se perciben correctas en sus interpretaciones.
En definitiva, me encuentro con una atípica “Bernarda Alba” que mantiene el texto y juega con el humor negro en una representación que rompe lo tradicional.

Reglas sin excepciones

Alid Salazar y Federico Pacannis se han dado a la tarea de estimular a un grupo de jóvenes estudiantes para que se interesen por el arte teatral. Como consecuencia de esto, han venido presentando varios espectáculos en la Sala de Teatro 1 del CELARG. Tuve la oportunidad de apreciar La excepción y la regla de Bertolt Brecht, producción general de Salazar y Pacannis, dirección de la joven Daniela Benaim.
Como parte de las “piezas didácticas”, esta obra de Brecht pone en escena una visión de los opresores y los oprimidos. Un comerciante, un guía y una culí, encargada de llevar el equipaje, van camino a un lugar donde el comerciante podrá realizar el negocio de su vida. A lo largo del trayecto, el comerciante maltrata a sus subordinados, despide al guía y mata a la culí pensando que iba a agredirlo. La premisa de la pieza queda muy clara: la regla del mundo es el abuso, no hay excepciones. Aquellos que el mundo considera inferiores son abusados porque no son capaces de pensar y cualquier gesto de bondad es una amenaza para quienes detentan el poder.
La dirección maneja apropiadamente la revelación de la teatralidad que exige el texto. Con una presentadora denominada “la conciencia” y una “bufona” que interactúan con el público, además de carteles y anuncios que indican los sucesos y los lugares de la acción, logran el efecto de “distanciamiento” que Brecht planteó para el teatro: el público no debe identificarse con lo que presencia sobre el escenario, sino que debe distanciarse para poderlo observar de forma crítica, reflexionar y comprender el mensaje que se quiere transmitir. Los personajes aparecen por la platea, expresan sus inquietudes a “la conciencia”, interrumpen la música y se dirigen directamente a los espectadores obligándolos a ser partícipes de lo que ocurre. Los elementos escenográficos funcionan cabalmente para el desarrollo de la acción, al igual que el vestuario de Tata Helmund y el maquillaje y peinados de Andrea Ayala en los roles femeninos, en cambio en los roles masculinos falta la mezcla de texturas, símbolos y maquillaje que evidencian la teatralidad. Destaco la dirección musical de Jesús Rafael Pérez con la interpretación en escena de Alejandro Vogeler porque logran la atmósfera para la acción.
Las actuaciones se perciben francas por el grupo de intérpretes con Paola Narváez como La Conciencia, Gabriela Pineda como La Bufona, Maya González como La Culí y Eliú Ramos como El Comerciante a la cabeza, secundados por Jihan Ramírez como la Juez, Keana Lomazzi como La Tabernera y Tomás Marín como el Guía.
En fin, un montaje bien realizado por este grupo de jóvenes creadores.

Angustia simbólica

El espacio “La caja de fósforos” sigue exhibiendo piezas que se alejan del estilo y los temas acostumbrados en la cartelera teatral caraqueña. En esta oportunidad presentan Díptico-Maeterlinck, dos obras cortas del Maurice Maeterlinck, Premio Nobel de Literatura 1911, con producción de campo de Germán Manrique y dirección de Orlando Arocha.
Maeterlinck es considerado el representante más importante del simbolismo en el teatro. Las piezas presentadas con: La intrusa e Interior.
En Interior, una mujer mayor decide si entra o no a la casa de una familia para informar una tragedia. Desde una ventana, ella y el hombre que rescató un cuerpo sin vida observan con perturbación la rutina que lleva la familia e imaginan todo aquello que causarían si informan del suceso.
En La Intrusa, una abuela ciega aguarda en una sala con varios miembros de su familia durante la víspera de la muerte de alguien. La oscuridad de la casa y la ceguera de la abuela los llevan a experimentar una serie de temores causados por los ruidos y las reacciones de la mujer.
En ambas obras, la angustia del ser humano se hace presente como tema fundamental. Los personajes son prototipos más que representaciones de personas sobre la escena. Este es uno de los signos de las creaciones del autor. El director cambia el género de los personajes principales de hombres a mujeres sin que por ello se pierda la esencia de las obras: la humanidad siempre estará a merced de las angustias que genera la vida. En la primera obra los personajes deambulan frente a una pared mientras espían el interior de la casa, en la segunda los personajes encerrados en la sala se sobresaltan debido a los sucesos exteriores. El ser humano posee estados internos y emociones externas que se complementan.
El diseño de escenografía del mismo Arocha maneja apropiadamente la ubicación del interior y exterior para ambas piezas. El vestuario se percibe cotidiano como si la angustia pudiera irrumpir en cualquier momento. Destaco el diseño de luces de Gerónimo Reyes que crea un contraste de luces y sombras para lograr la particularidad visual de extrañeza que requiere el montaje.
Las actuaciones buscan la naturalidad y contención de las emociones. Haydeé Faverola y Ernesto Campos se conducen apropiadamente en la primera obra, secundados por Estefanía Gómez y Emily Caraballo. En la segunda, Diana Volpe, Carolina Torres y Ana Melo consiguen la atmósfera requerida apoyados por Germán Manrique, María Alejandra Rojas, Ari savio y Ana Arroyo.
Espero que este espacio siga ofreciendo buenas propuestas con la selección de dramaturgia pocas veces representada en Venezuela.

Delirio y realidad

En el Centro Cultural BOD, el Grupo Actoral 80 presenta Sangre, en el diván, dramaturgia de Ibéyise Pacheco a partir de su libro homónimo, producción de Ana Alicia Pérez y dirección de Héctor Manrique y Pedro Borgo.
El Dr. Edmundo Chirinos relata al público, al igual que lo hizo en múltiples entrevistas con Pacheco, sus visiones acerca de la realidad nacional, su vinculación con la política, su interacción con varios  presidentes de Venezuela y cómo percibe los acontecimientos que condujeron a la muerte de la joven Roxana Vargas. A manera de monólogo, Pacheco extrae partes de su libro que demuestran la desconexión con la realidad que vivía Chirinos casi al final de su vida. Para Chirinos, todo lo que ha ocurrido en el país, desde que comenzó a estudiar en la universidad, fue causado por él.
La propuesta estética del montaje maneja apropiadamente los símbolos sobre la escena. La escenografía, diseñada por Manrique, ubica la acción en un espacio blanco a la usanza de los sanatorios de enfermos mentales. El espacio se proyecta en perspectiva hasta culminar en una pared decorada con una gran calavera: la muerte era una de las obsesiones de Chirinos según narra en la obra. Destaca el uso de una cámara superior cuyas imágenes se proyectan en los laterales del espacio para reafirmar aún más el desvarío de Chirinos. Esta ambientación blanca adquiere más coherencia con cada situación gracias a la iluminación de José Jiménez que aprovecha los reflejos sobre las paredes y el uso de colores en algunos momentos.
El Dr. Edmundo Chirinos es interpretado por Héctor Manrique. Manrique compone un personaje cargado de manierismos en la expresión corporal y con un trabajo vocal que juega con las intenciones subyacentes en el texto. Logra de forma excepcional integrar ambos. La creación del personaje también adquiere consistencia debido al maquillaje de José Antonio Freitas que ofrece una imagen cercana del Dr. Chirinos. Los delirios del personaje son narrados mientras se va vistiendo poco a poco hasta convertirse en médico. El personaje se va construyendo al mismo tiempo que se arma la impresión que éste causa en los espectadores. Esto es aprovechado por Manrique para interactuar con el público hasta que al final vuelve a despojarse de la ropa para, de forma circular, concluir la obra de la misma forma que empezó.
La dramaturgia presenta algunas debilidades en la estructura: no existe progresión entre el desvarío inicial y el momento en que intenta demostrar por qué no asesinó a la joven Vargas. Pese a esto, el espectáculo logra su cometido de mostrar a un ser humano incapaz de percibir su terrible realidad.